El doctor se despide de sus pacientes, cuyas dolencias posiblemente se hayan agravado durante el año en que han frecuentado tan clandestina consulta. He recetado medicamentos equivocados, errado en la mayorÃa de diagnósticos y auscultado con los auriculares del discman en lugar de con el fonendoscopio. Y es que mirando por los demás, olvidé tomar mi propia medicación. Vuelvo una temporada a mi retiro dorado, a esa Montaña Mágica donde me aguardan nuevos compañeros de… balneario.
Posiblemente allà me encuentre con el hombre que acabó acaparando la atención tras la resaca goyesca. Me refiero al anónimo oficiante que decidió afanar una estatuilla en pleno sarao, con las mejores intenciones que imaginarse puedan: dejar constancia con tan sospechoso acto de su desacuerdo con unos premios reiterativos (en las formas y en los adjudicatarios). Este héroe de barra de bar y guardarropÃa responde a las siglas K.N.T. (que tiene algo de clandestino y judicial, como cuando se identifica a los menores incriminados en algún delito).

Hasta ahà contarÃa con las simpatÃas de cualquiera. No en vano la ceremonia de entrega de dichos premios —asÃ, a lo bruto— es sistemáticamente recomendada por especialistas en trastornos del sueño. ¡Nada de automedicarse! Te enchufas el DVD con los fastos autistas de la pseudo-Industria cinematográfica española y… redondo, macho, caes redondo. ¿Para qué contar ovejas si están los bustos del sordo de Fuendetodos?
Pero la cosa se tuerce cuando el susodicho se autodefine como “crÃtico de cine en paro”. ¡Acabemos! Convertir la crÃtica de cine en profesión ya tiene algo de sospechoso (como los polÃticos o los representantes de jugadores de fútbol) pero declararse oficialmente en paro… eso ya es la hostia (con perdón).
Que yo me lo imagino al hombre en el INEM contestando a lo de “profesión” con un: “pues mire, en la actualidad no ejerzo, pero lo mÃo es escribir de la cosa esa del cine”. “¡Uy, pues ha tenido suerte! Precisamente tenemos una vacante en El PaÃs… y en El Mundo, y en el ABC y en La Vanguardia… ¿qué estilo practica usted?”. “¿Perdón?” “SÃ, hombre, sÃ, ya sabe: gótico florido, condescendiente renacentista o destroyer boyeriano?” “Señora, yo ante todo soy un profesional”. “Ya… pero… ¿conoce a alguien dentro del mundillo, no?”. El tipo se levanta muy digno y replica: “el nepotismo es el cáncer de este paÃs decadente”. Tras lo cual consulta la sección de “ofertas” y se da cuenta de que tiene escasas salidas: dar conferencias, declararse experto en algo o escribir un libro denunciando la sordidez de su profesión.

Es un suponer que se habrá decantado por la última opción y en breve tendremos un maravilloso tratado-denuncia titulado Miseria de la cinematografÃa. CrÃtica a la razón pura de Bazin. Si es un poco listo lo hará coincidir con el dÃa del libro: ¡ninguna editorial se podrá resistir a tan suculento material! De lo contrario uno podrÃa llegar a sospechar que la frase que utilizó para definir al cine español (”es un mundo cerrado, de amiguismo, donde es imposible conseguir un trabajo si no tienes enchufe”) podrÃa ser perfectamente válida para describir esa “profesión” suya.
Pero es mejor que algunas pasiones se queden en vocación, hombre. K.N.T.: búscate un empleo y sé un hombre de provecho. Es la última receta que extiende este doctor y, por primera vez, cree que su paciente mejorará ostensiblemente alejándose del lugar donde se desarrolla principalmente su oficio frustrado (los bares) y fichando por alguna multinacional que no dude en incluirlo en el siguiente ERE.
¿El siguiente, por favor?




















